¿Con sueño en el trabajo? Toma una siesta sin culpa

En las últimas dos semanas, he tomado tres siestas en el trabajo, que suman alrededor de una hora con los ojos cerrados y en horario laboral. Y no me da vergüenza ni dudo en hacerlo. No podría sentirme mejor al respecto y, además, se refleja en mi productividad.

Las siestas en horario de trabajo son uno de esos tabúes de la vida laboral —como abandonar nuestro lugar para ir a comer o salir a dar una caminata por la tarde— que nos han enseñado a menospreciar. Si alguien se toma una siesta a las dos de la tarde, mientras el resto de nosotros escribe memorandos frenéticamente y responde correos electrónicos, damos por hecho que está holgazaneando; o al menos eso es lo que suponemos.

Estar descansado y recargar la pila puede parecer secundario ante la percepción y apariencia de productividad. Es más fácil mantenerse en una rueda virtual de actividad (como la de un hámster) respondiendo de inmediato todos los correos que medir la productividad acumulada en un periodo mayor. Sin embargo, un creciente campo de investigación ocupacional y psicológica está reforzando los argumentos a favor de que estar descansado resulta en una mayor productividad.

“Las empresas tienen enormes problemas de productividad porque la gente está estresada y no se recupera del día laboral”, explicó Josh Bersin, director y fundador de Bersin by Deloitte. “Están comenzando a darse cuenta de que ese es su problema y de que no pueden decirle a la gente: ‘Aquí hay un curso para equilibrar el trabajo y la vida personal, vayan y aprendan cómo manejar su buzón de mensajes’”, comentó Bersin. “Es mucho más complicado que eso”.

Por si lo dudamos, la capacidad de tomar una siesta en el trabajo está lejos de ser común, dicen los expertos. Pocos de nosotros podemos darnos el lujo de desaparecer un rato para entregarnos a los brazos de Morfeo durante media hora aunque los recesos para comer y las pausas para tomar café pueden ser el mejor momento para escabullirse, y nada mejor para justificarte ante los jefes inquisidores que una productividad y un estado de alerta mayores.

En un mundo ideal, todos resolveríamos este problema desconectándonos temprano y teniendo un sueño reparador. Sin embargo, otra forma es escaparse para una siesta energética rápida cuando uno se siente aletargado después de comer.

(Los japoneses incluso tienen una palabra para dormir estratégicamente en el trabajo: inemuri, que se puede traducir como “dormir sin irse”. Ahora es un buen momento para hacer una pausa y enviarle por correo este artículo a tu jefa/e).

En un estudio publicado en Nature Neuroscience, los investigadores pusieron a prueba el desempeño perceptual de los participantes cuatro veces a lo largo del día. El desempeño se deterioró con cada prueba, pero los sujetos que tomaron una siesta de treinta minutos entre cada prueba evitaron el deterioro en el desempeño y aquellos que tomaron una siesta de una hora incluso lo revirtieron.

“Las siestas tienen la misma magnitud de beneficios que dormir toda la noche si se logró un sueño reparador”, explicó Sara Mednick, coautora del estudio y profesora asociada de Psicología en la Universidad de California, Riverside.

Mednick, investigadora del sueño y autora de Take a Nap! Change Your Life, dijo que las siestas diurnas pueden tener muchos de los beneficios del sueño nocturno y cada tipo de siesta ofrece distintos beneficios.

Por ejemplo, Mednick explica que una siesta de 20 a 60 minutos puede ayudar con la memorización y el aprendizaje de fragmentos pequeños de información. Este tiempo es suficiente para entrar a la segunda fase del sueño, el sueño que no presenta movimientos oculares rápidos (MOR).

Transcurridos 60 minutos, comenzamos a entrar en el sueño MOR, que se asocia principalmente con un estado de sueño profundo en el que soñamos, muy característico del sueño nocturno. El sueño MOR puede mejorar la creatividad, el procesamiento perceptual y el pensamiento altamente asociativo, que nos permite conectar ideas diferentes, describió Mednick.

Más allá de eso, la mejor siesta es la de 90 minutos, que nos dará un ciclo de sueño completo.

Sin embargo, según los expertos, cualquier siesta puede ayudarnos con el estado de alerta y la percepción, así como a acabar con el letargo que va aumentando a lo largo del día.

¿Cómo fue que llegamos a este punto en el que la capacidad está íntimamente ligada a muchas horas de trabajo concentrado? La culpa es de la tecnología, principalmente de los celulares y las computadoras portátiles; el meollo del asunto es que la tecnología nos hace estar disponibles en todo momento.

“Pasamos por un periodo en el que la gente lo negaba y los líderes empresariales lo ignoraban”, dijo Bersin. “Daban por hecho que bastaba con darle a la gente más herramientas, más correos electrónicos, más aplicaciones de comunicación laboral como Slack, más conversación, y dieron por hecho que la gente encontraría la manera de lidiar con todo. En mi opinión se acaban de dar cuenta de que este es un gran problema y que está afectando la productividad, el compromiso, la salud, la seguridad, el bienestar y todo tipo de cosas”.

No solo los empleados de oficina pueden beneficiarse de la siesta por la tarde. Un estudio de 2015 publicado en Current Biology analizó los hábitos de sueño de tres sociedades preindustriales de cazadores y recolectores en Tanzania, Namibia y Bolivia.

“Son activos por la mañana, después se resguardan bajo los árboles y se dan una pausa, pero no necesariamente toman una siesta”, señaló Jerome Siegel, coautor del estudio, profesor de Psiquiatría y Ciencias de Biocomportamiento y el director del Centro de Investigación del Sueño de la UCLA. “Después, trabajan un rato, se van a dormir y duermen toda la noche”.

A pesar de ello, Siegel dijo que la única forma de acabar con el letargo y el cansancio comienza la noche anterior con un sueño profundo y reparador. El verdadero secreto del descanso es un horario de sueño habitual que idealmente consta de siete u ocho horas de sueño por noche; esto, según los expertos, es lo óptimo.

“Las siestas durante el día sí nos hacen estar más alertas”, afirmó Siegel. “Pero no es tan simple como irse a la gasolinería y llenar el tanque”.

Siegel aconseja además evitar la cafeína e intentar levantarse a la misma hora todos los días, incluso si no logras conciliar el sueño a la misma hora por la noche. Esto ayuda a aclimatar al cuerpo a tu horario de vigilia habitual, sin importar qué tanto dormiste la noche anterior.

Si ya leíste hasta acá y te interesa probar suerte con las siestas en el trabajo (o ya sientes que se te cierran los ojos), aquí encontrarás una guía rápida para la siesta perfecta:

• Encuentra un lugar tranquilo y aislado donde nadie te moleste.

• Trata de que la luz sea lo más tenue posible (o cómprate un antifaz para dormir y déjalo en la oficina); los tapones para los oídos también son de utilidad.

• Trata de dormir durante veinte minutos. Las siestas de mayor duración tal vez te ocasionen inercia del sueño, lo cual te hará sentir aún más aletargado que antes.


Fuente: NY Times

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